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Classical music and opera by Classissima

Georges Bizet

Wednesday, September 20, 2017


Tribuna musical

September 3

“La Sylphide”, Gala Internacional y Ballet Ruso: buena danza, poca renovación

Tribuna musical En estas recientes semanas hubo varios espectáculos de ballet de buen nivel aunque con altibajos. Dos tuvieron lugar en el Coliseo: la reposición del ballet romántico "La Sylphide" y la séptima edición de la Gala Internacional de Ballet de Buenos Aires. Y una en el Ópera (que ahora se llama Ópera Orbis), "Joyas del Ballet Ruso" con solistas de cuatro compañías de esa nacionalidad. "La Sylphide" Mi primera experiencia con "La Sylphide" fue en el Colón, cuando décadas atrás Pierre Lacotte logró una reconstrucción muy seria del original de Filippo Taglioni creado para su hija, la etérea Maria Taglioni, en 1832 para la Ópera de París; con música de Jean Schneitzhoeffer y libreto de Adolphe Nourrit sobre "Trilby" de Charles Nodier; Lacotte la estrenó en Enero 1972 en París, y años después en el Colón. Pero hay otra versión importante, basada en la de Taglioni aunque con el estilo muy personal de Auguste Bournonville, realizada para la Ópera Real de Copenhague en 1836, con música de Herman Lovenskjold. También Petipa (sobre Taglioni), Harald Lander y Erik Bruhn (ambos sobre Bournonville) dieron sus visiones de la historia. Según Paracelso, los silfos son criaturas del aire. En "Trilby", historia escocesa, es el genio del hogar, el diablo amoroso, pero feminizado: es la sílfide, que contempla a James, dormido, y lo besa; él se despierta reaccionando pero la imagen de ella se desvanece. Sin embargo, está planeado que se casará al día siguiente con Effie. Entran amigos y vecinos para saludar a los novios, pero también la bruja Magda, que quiere el calor de la chimenea para recuperarse del frío; James la echa, ella lo maldice y anuncia que Effie se casará con Gurn (enamorado de Effie). James se queda solo, la Sílfide reaparece, logra quedarse con el anillo nupcial e induce a James a seguirla al bosque; al volver Effie ésta llora ante la ausencia de su novio. Como en "Giselle" (que data de 1841) aunque al revés: aquí es la sílfide la que seduce a James. En los dos casos, típicos del ballet romántico, está el elemento sobrenatural: la sílfide y las willys. En el Segundo Acto, Magda da a James un chal asegurándole que poniéndolo sobre los hombros de la sílfide ella no podrá huir, pero cuando se lo coloca caen las alas de la sílfide y muere. Paralelamente Gurn convence a Effie que ha sido abandonada por James, le declara su amor y ella acepta. Tanto Schneitzhoeffer como Löwenskjold son músicos menores (ni siquiera aparecen en el diccionario Grove) pero gratos, y ambos se dejaron seducir por la influencia celta, bastante fuerte en esa época, dando así un carácter especial a las danzas, que dentro del lenguaje académico evocan pasos de los bailes populares escoceses. Y tanto Taglioni como Bournonville fueron creadores fundamentales del romanticismo coreográfico, buscando y obteniendo pasos alígeros, posturas expresivas, gusto refinado y gran elegancia. Fueron Taglioni padre e hija quienes inventaron el baile de punta como manera de delinear el sentido aéreo de la sílfide. Y el segundo acto es en buena parte el prototipo del "ballet blanc", luego tan imitado. Ambos coreógrafos me atraen, pero prefiero a Bournonville por ese estilo tan suyo de pasos pequeños y rápidos. He visto las dos coreografías en el pasado, pero ahora ya pasaron varios años sin que se repusiera en nuestra ciudad ni una ni otra, y por ende me alegré de verla en el Coliseo con el Ballet del Sur y la presencia de Ludmila Pagliero, la argentina que en recientes meses no sólo fue nombrada "étoile" del Ballet de la Ópera de París sino que fue laureada con el Premio Benois de la Danza. Fue valioso ver el trabajo de Pagliero (que aprecié en anteriores visitas) en este personaje de fantasía donde la danza debe dar una sensación sublimada de apenas tocar tierra. Ella bailó ambas coreografías y las conoce a fondo. Su lugar está bien ganado. Pero no sentí ese particular carisma que, por ejemplo, tenía Ghislaine Thesmar, y que creaba la ilusión de estar viendo a una aparición bailando. Pero hubo varios otros motivos para gustar de esta experiencia. El principal fue poder apreciar al Ballet del Sur, al que vi muy esporádicamente (rara vez nos visita y en mis dos únicas visitas a Bahía Blanca las fechas no me permitieron ver espectáculos por ellos). Ya tiene larga existencia puesto que nació en 1956, y pese a condiciones de trabajo bastante precarias tiene una experiencia acumulada que impresiona, con un vasto y variado repertorio y la presencia de coreógrafos y bailarines de notable nivel. La gestión actual está a cargo de Ricardo Alfonso desde 2010. Para "La Sylphide" obtuvo dos colaboradores franceses que demostraron ser de gran categoría: Bernard Courtot de Bouteiller, que demostró tener una formación de primer orden en su esmerada reposición del ballet de Bournonville (sin duda ayudado por el hecho de que el Ballet del Sur fue el primero en dar la versión Bournonville en Sudamérica); y Grégoire Lansier, un James atrayente y de fuerte personalidad tan dueño de su agilidad coreográfica como de las características de su personaje. Otro aspecto interesante fue la notable Magda de Gabriela Pirrone, una bruja convincente de gran plasticidad y garra. Completaron bien Carolina Basualdo (Effie), Manuel Martínez (Gurn) y Nataliya Gamon (madre de James). Pero además el Cuerpo de Baile respondió muy bien en dos tipos de danza muy contrastantes: los aldeanos y las damas en el Primer Acto, de natural evocación del folklore escocés, y las Sílfides en el segundo, danza pura y bella en impecables tutús. Resta mencionar una funcional escenografía de Gerardo Arias, una iluminación a veces algo parca, y una producción manejada con la experiencia asentada de Juan Lavanga. La música grabada sonó bien. VII Gala Internacional de Ballet de Buenos Aires El grupo Ars inició en 2011 las Galas Internacionales de Ballet en el Coliseo; su directorio tuvo a Liana Vinacur y Martín Boschet como figuras principales. Boschet había sido un polémico codirector del Colón en 2008, enfrentado con Sanguinetti (quien fue el que se negó, extrañamente, a usar al Coliseo como sala alternativa de la temporada de ópera, como sí lo hicieron Lombardero en 2007 y García Caffi en 2009); en el Colón pareció tener un solo interés, el Ballet, y Ars fue una manera de concretar un proyecto de danza. Ahora Boschet ha sido nombrado Director Ejecutivo en el Colón y es de desear que sus horizontes allí sean más amplios y se preocupe por las óperas y los conciertos además del Ballet. Vinacur ha quedado como Directora y Productora Ejecutiva, apoyada por un extenso staff. El lujoso programa de mano, con una tapa en la que posa desnuda Iana Salenko, del Staatsballett Berlin, lista 132 artistas en siete años procedentes de muy variadas compañías, incluyendo argentinas. La programación ha sido muy variada y combinó clásicos con modernos, ayudando así al espectador a "aggiornarse" con respecto a lo que pasa en el mundo. A través del tiempo dos artistas me impactaron especialmente: Daniil Simkin del American Ballet Theatre y Alicia Amatriain del Stuttgart Ballett. Con algún altibajo se vio mucho de bueno. A su vez el Colón rivalizó con su propia Gala, separada sólo por pocas semanas de la del Coliseo, y generalmente más restringida, ya que una parte importante era realizada por el Ballet del Colón; este año Paloma Herrera decidió eliminarla (Guerra la había programado) sin explicar qué pasa con esos contratos cancelados. Considero que la Gala Nº7 fue menos gratificante que las anteriores por dos razones: a) la recurrencia a rutinarios grandes clásicos; b) la dudosa calidad de algunas elecciones contemporáneas. Con respecto al primer punto, los menos transitados fueron los pas de deux de "Diana y Acteón" (Pugni-Petipa) y "Raymonda" (Glazunov-Pontus Lidberg) y en ambos la ballerina fue Isabella Boylston, del American Ballet Theatre, recientemente vista en el Colón en "Sylvia" de Delibes-Ashton. Es una figura muy profesional ("accomplished", dicen los americanos) con un enfoque bien pensado de sus roles aunque algo fría. Impresionó como Acteón Dmitry Zagrebin, del Ballet Real Sueco, un bailarín atlético y de amplio salto. Lidberg es un coreógrafo sueco que ha hecho un pas de deux donde el acento está puesto en la elegancia y la interrelación entre los bailarines en vez del virtuosismo vacuo; buena elección de Boylston, secundada con habilidad por el danés Alban Lendorf, también del ABT. El pas de deux de "El Lago de los cisnes" se vio en la desastrosa coreografía de Matthew Bourne sólo para hombres (habrá que cruzar los dedos para que nunca se dé entera aquí); es un símbolo de decadencia que se lo considere actualmente el más importante coreógrafo inglés y lo hayan hecho Sir. Por cierto, juzgar a Ivan Putrov (cisne con ridículas plumas) del Royal Ballet, por esta pieza, sería injusto, aunque sí por haberla elegido; sale menos perjudicado Liam Mower, de New Adventures. En el pas de deux de "El Corsario" (Adam-Petipa) hicieron buena tarea la argentina Daiana Ruiz y el español Martí Fernández Paixa, ambos del Stuttgart Ballet, si bien he visto saltos más aéreos por parte del bailarín (Bocca, p.ej.). El de "La Bayadera" (Minkus-Petipa) fue muy bien bailado por Yulia Stepanova y Denis Rodkin, ambos rusos y del Bolshoi; por lo que se vio, pese a los conflictos en ese famoso conjunto, la calidad y la tradición se mantienen. Por último, el del Cisne Negro (Tchaikovsky-Petipa), con los mismos bailarines, terminó brillantemente el programa. No está de más mencionar que el programa incluye foto y biografía de todos los bailarines y coreógrafos, muy útil. Mucho menos me gustaron los videítos con los cuales los artistas se presentan (innecesarios). En cuanto a las danzas (mejor palabra que ballets para describirlas) contemporáneas, oscilaron fuertemente en su atracción. Un extracto de "Crayon" (Christen Lien-Caterina Rago) fue la primera de dos obras de la Peridance Contemporary Dance Company (extraño apelativo, ¿porqué repetir "dance"?) del coreógrafo Igal Perry, israelí radicado en New York. Lo bailó Alexandre Barranco (único sin biografía en el programa). La pieza me resultó hermética y monótona. La segunda obra, del propio Perry, fue "Mirror" ("Espejo"), extracto de Dia-mono-logues (¿un monólogo de dos?), donde Barranco "dialogó" con Katherine Currier, bailarina de cuerpo rotundo poco afín al baile clásico pero adecuado para estos pasos contemporáneos, más llevaderos que "Crayon". Fue una grata sorpresa la combinación de la bailarina de formación clásica Brittany O´Connor con Paul Barris, campeón de ballroom dancing; con "Ding dong daddy", coreografía de Barris y música de Cherry Poppin´ Daddies, nos sentimos en el mundo nostálgico de "La la land" pero con mayor profesionalismo. Y luego, algo tomado del tour de Andrea Bocelli, en el cual participan: la célebre "Bésame mucho" de Consuelito Velázquez nos llevó al lado latinoamericano de la versátil pareja de bailarines. Me resultó aburrido y moroso el solo paradójico "Two", con mediocre música de Andy Cowton, luces deliberadamente exiguas de Michael Hulls, coreografía de Russell Maliphant, donde Putrov nuevamente me extrañó por sus malas elecciones. El italiano Fabio Adorisio estudió en la escuela Cranko entre 2011 y 2013 y actualmente es bailarín en el Ballet de Stuttgart y coreógrafo; su "Adagio ma non troppo" sobre música de Liszt y Beethoven me pareció inventivo y grato, muy bien bailado por Ruiz y Fernández Paixa. Y el trío "Les lutins" ("Los duendes"), sobre músicas bien conocidas de Wieniawski y Bazzini, notablemente bien tocadas en vivo por el violinista Luciano Casalino y el pianista Marcelo Ayub (todo el resto se escuchó grabado), reveló el fresco talento del coreógrafo danés Johan Kobborg, que fue Director del Royal Ballet entre 1999 y 2013. Su sentido del humor, conocimiento de la danza clásica (puso "La Sylphide" de Borunonville y la bailó) y habilidad para hacerla sutilmente contemporánea fue cabalmente traducida por los dos duendes masculinos (los notables Lendorf y Zagrebin) rondando en torno a la ingenuidad traviesa de Francesca Velicu, rumana de 20 años, del English National Ballet. En suma, con altibajos, una gala que permitió conocer a algunos bailarines y coreógrafos de valía. Joyas del Ballet Ruso El programa de mano de estas Joyas del Ballet Ruso fue paupérrimo: sólo un listado de las piezas e intérpretes sin biografías ni datos orientativos sobre los ballets elegidos, más un párrafo obvio sobre los valores del ballet ruso. Siete bailarines provenientes de dos compañías de San Petersburgo: Mariinsky y Mikhailovsky; y de dos de Moscú: Bolshoi y Stanislavsky, pero sin aclarar quién es de qué compañía. O si son primeros bailarines o de fila. Toda la música fue grabada y no hubo escenografías. A ello se añade que el repertorio fue muy rutinario; quizá sólo el Pas de deux de "Esmeralda" (Drigo-Burmeister/Kordiyaka) no es tan trillado. Para los que somos veteranos, el ballet de Alonso sobre "Carmen" de Bizet en el extraño arreglo de Shchedrin que añade piezas de "La Arlesiana" y que está orquestado para cuerdas y percusión está irremisiblemente ligado a Plisetskaya (Shechedrin fue su marido) que tuvo enorme éxito aquí y en el mundo con su poderosa y angular interpretación. Oxana Bondareva no acertó dramáticamente con la parte aunque se advirtió su indudable flexibilidad, y fueron más atinados Mikhail Venshchikov como Don José, Boris Zhurilov como el Toreador (aunque aquí se vio en esa ya lejana época en una interpretación más acerada) y Maksim Marinin como el Corregidor (¡no Corregido, como dice el programa!). Tatiana Tiliguzova, de negro, dio carácter a El Destino. Natalia Ledovskaya fue una atrayente Esmeralda (recordemos que el ballet es sobre "Notre Dame de Paris" de Victor Hugo) pero su partenaire, Mikhail Pukhov, resultó algo pesado en sus pasajes solistas. El Adagio del Primer Acto de "La Bella Durmiente" (Tchaikovsky-Petipa/Kordiyaka) no es un Pas de deux, ya que la Princesa es cortejada por cuatro caballeros, pero resulta un admirable fragmento que permite gran lucimiento a la bailarina. Aquí Bondareva estuvo mucho más cómoda y fue bien apoyada por los hombres (los tres de "Carmen" más Pukhov). Quizá lo mejor de la noche fue el Adagio del Segundo Acto de "El lago de los cisnes" (Tchaikovsky-Petipa) porque Tiliguzova tiene la silueta ideal para el rol y se mueve con singular gusto y dominio; además tuvo un muy buen "porteur" en Marinin. No hubo el mismo nivel en el otro Pas de deux, el de Odile del Tercer Acto, ya que si bien Bondareva estuvo bastante bien volvieron a sentirse limitaciones en Pukhov. Siguió una correcta versión de "La muerte del cisne" de Saint-Saëns-Folkin) por Ledovskaya (demasiados cisnes en el programa). Y finalmente el Pas de trois de "El corsario" (Adam-Petipa/Kordiyaka), mal anunciado como Pas de deux en el programa, donde tuvieron lucimiento Bondareva, Venshchikov y (creo) Zhurilov. Y luego un finale farandulero no anunciado con los siete y música banal. Me quedé intrigado por ese apellido Kordiyaka retocando varios clásicos. ¿No hubieran podido variar este menú fin del siglo XIX con materiales gratos del XX, como "La fuente de Bakhchisarai" o "El caballito jorobado", evitando estéticas contemporáneas pero saliendo de lo aquí tan remanido? Uno se satura de tantos "fouettés y "pirouettes" en el mismo programa. Nada indica quién fue director artístico en esta gira, o si lo hubo.Pablo Bardin

Tribuna musical

August 16

El debut del gran tenor Javier Camarena en el Colón

            No sólo Barenboim, Argerich y la WEDO ilustraron las últimas semanas  en el Colón: el 27 de Julio debutó el gran tenor mexicano Javier Camarena  acompañado por la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires dirigida por Arturo Diemecke, un compatriota que entre 1984 y 1990 fue Director Artístico de la Ópera de Bellas artes de México. El trabajo de Diemecke aquí, como bien se sabe, ha sido esencialmente sinfónico, salvo "Werther", pero tiene experiencia operística y lo demostró acompañando con eficacia al tenor con una orquesta que no hace ópera pero que supo adaptarse.             También es bien conocido que el paso de Darío Lopérfido fue polémico, pero al lado de manifiestos errores tuvo algunas buenas ideas, y entre ellas sin duda está la de traer grandes cantantes a dar recitales, ya sea con piano (Jonas Kaufmann) o con orquesta (Diana Damrau y su marido Nicolas Testé, y ahora Camarena). Es un reconocimiento tácito en cuanto a que el Colón no está en condiciones de armar un gran reparto en ópera por esenciales fallas estructurales: ante todo, una Ley de Autarquía limitativa que impide contratar a varios años de distancia, y sólo así puede concretarse un reparto de grandes figuras. Y nadie mueve un dedo para cambiarla.  Pero también presupuestos que sólo se conocen poco tiempo antes de fin de año, cuando se supone que un director artístico para entonces debe tener todo listo para el año siguiente, y al menos previsto qué hará a dos y tres años de distancia. Además del triste hecho de los repentinos cambios que obligan a cortar un determinado porcentaje de lo ya contratado porque fallaron los cálculos de Hacienda, y de la lamentable práctica de los precontratos.             No tendremos la calidad de ópera que quisiéramos tener, pero al menos apreciamos a notables artistas en parte de su repertorio, ya que vienen por pocos días, ensayan, dan su concierto y se van, no deben quedarse casi un mes. Pueden tener un hueco disponible en sus agendas –a veces sacrificando parte de sus vacaciones- porque el edificio del Colón es prestigioso, pese a que sus temporadas no lo son, y porque se sabe que alguna vez hubo un Colón que podía competir con los mejores. Que su público es muy cálido y la acústica, sobresaliente.             Por eso vino Camarena y logró un éxito extraordinario; si bien está acostumbrado a tenerlos, no dudo de que se fue de aquí contento, porque pudo hacer el programa que él quería y en buenas condiciones. Sí, el Abono Verde es carísimo y puede discutirse si correspondían tales precios para Tiempo/Karabtchevsky, y  dudarse que una muy otoñal Jessye Norman los vaya a justificar, pero al menos en el caso de Camarena si el costo fue alto  el resultado también.             Se lo llama tenor lírico ligero y lo creo erróneo; no es del tipo vocal de Alva, Valletti o Schipa, sino del de Gianni Raimondi, Kraus y Gedda, artistas de amplia voz y registro que llega a los superagudos y que tienen coloratura. En la actualidad hay dos tenores con los que vale la pena compararlo: Juan Diego Flórez y John Osborn; al primero lo pudimos ver en plenitud años atrás gracias al Mozarteum; Osborn, admirable rossiniano, no ha venido. Camarena demostró que tiene gran dominio de la coloratura en este programa, pero me pregunto si en roles muy extensos como el tenor en la "Semiramide" de Rossini, con centenares de frases con coloratura, Camarena podría resolverlos.             Lo que hizo en este programa fue demostrar que su repertorio ya es grande y lo será aún más. Tras la Obertura de "Romeo y Julieta" de Gounod, sin su pasaje coral, se saltó al recitativo "L´amour" seguido del aria "Ah! Lève-toi, soleil", y muchas cosas quedaron claras: que el tenor tiene excelente francés; que su timbre es poderoso; que sabe expresar distintas emociones;  que su fraseo es muy musical; y que sus agudos son firmes y expansivos. La belleza de un timbre es quizá lo más discutible entre melómanos y personalmente el de Camarena no me parece estar entre los más atrayentes, pero tiene tantas cualidades compensatorias que la balanza queda muy inclinada hacia lo alto.             Tengo un cariño especial por la difícil aria "Je crois entendre encore" de "Les pêcheurs de perles" de Bizet, ya que cuando estuve en La Plata como Director General en 1992 convencí al Director Artístico Antonio Russo que valía la pena estrenar la versión en francés de esta atrayente ópera de Bizet, que sólo se escuchó una vez en el Colón y en italiano, allá por 1913; y tanto le gustó a Russo que años después la dio a conocer en Buenos Aires para Juventus Lyrica. El aria tiene un lirismo refinado y requiere de un dominio del canto en dos factores: el "fiato" (la respiración) para mantener la continuidad de largas líneas melódicas; y el "piano" (suave) en una tesitura que está siempre en el registro agudo. Camarena demostró tener estas cualidades, como las tenía Alain Vanzo, a quien escuché en su rol de Nadir en la Opéra-Comique décadas atrás.             Y entramos al bel canto. Tras una anodina interpretación de la Obertura de "Il Barbiere di Siviglia" de Rossini, "Sì, ritrovarla io giuro", de "La Cenerentola" (qué lástima que no fue la obertura de esa ópera la elegida), fue una rotunda demostración de los talentos de Camarena en este repertorio. Es una curiosa aria ya que tiene tres "tempi" (velocidades) y en escena se complementa con intercalaciones corales (aquí omitidas); el tenor supo articular el italiano de modo que se comprendiese cada sílaba, resolvió la coloratura admirablemente, demostró sentido del humor y coronó el aria con un espléndido agudo.             Y luego, en francés, el célebre "Ah! Mes amis" seguido de "Pour mon âme » que hizo famoso Pavarotti en su gran versión de "La Fille du Régiment" (Donizetti) con Sutherland. Sus tan peligrosos repetidos Do agudos fueron producidos por Camarena con toda libertad y supo dar dinamismo y gracia al fragmento como si estuviera actuando en escena.             Más Donizetti iniciando la Segunda Parte. Demostrando que no es un "lirico leggiero", cantó una expresiva y estilística versión de una escena de una ópera que todavía no cantó (y fue especialidad de Kraus, como pudimos comprobar para placer nuestro en 1972): de "Lucia di Lammermoor", "Tombe degli avi miei…Fra poco a me ricovero". Y luego, sí "leggiero", demostrando su versatilidad, "Povero Ernesto…Cercherò lontana terra", de "Don Pasquale", dando su exacto carácter a la tristeza de Ernesto que cree perder a Norina, en frases que uno siempre asocia a Schipa (la anunciada Obertura fue eliminada).              El grupo Verdi no empezó bien, porque la magnífica Obertura de "La Forza del destino" no fue adecuadamente calibrada por Diemecke, con tiempos muy retenidos en varios momentos y carencia de garra en otros (¡oh recuerdos de Mehta, Previtali y Mitropoulos!). Otra ópera que aún no hizo Camarena, "La Traviata", nos permitió escuchar una muy buena versión de "Lunge da lei…De´ miei bollenti spiriti", pero en el único error estético del programa elegido por el tenor, añadió la "cabaletta" del final del acto, "O rimorso" (no anunciada), que se escucha como 20 minutos después en la ópera y contradice por completo la tierna expresión del aria; ¿la habrá añadido para lucir nuevamente su poderoso agudo?             Y finalmente, por supuesto notable, "La donna è mobile" de "Rigoletto", aunque no tan perfecta como al menos yo esperaba.             Las ovaciones no terminaban más, pero al parecer tanto el tenor como Diemecke lo dieron por descontado, ya que hubo tres piezas extra, y en las tres se salió de la ópera para darnos canciones. No es esto lo que me molestó, sino los dulzones y similares arreglos de Dimitri Dudini. Era lógico empezar por algo mejicano, y María Grever tiene muy lindas canciones, pero "Alma mía" no me parece de las mejores; hubiera preferido "Muñequita linda". Además del dulce, Dudini puso fanfarrias en la célebre "Granada" de Agustín Lara, que tuvo una espectacular versión por parte de Camarena, demostrando tras todo un recital un "fiato" interminable y toda la potencia en los agudos. Para quedar bien con Argentina, "El día que me quieras", ese tango-canción de Gardel tan trillado y de la cual hubo tantas buenas versiones, pero no la de Dudini, que le quitó todo ritmo, y allí Camarena sólo cumplió.             Pero poco le hizo al total: fue una gran noche de canto. No está de más mencionar que Camarena habló al público varias veces con fácil comunicación. Pablo Bardin




Classical iconoclast

July 12

Véronique Gens Visions from Grand Opéra

Ravishing : Visions, Véronique Gens in a glorious new recording of French operatic gems, with Hervé Niquet conducting the Münchener Rundfunkorchester.  This disc is a companion piece to Néère, where Gens sang familiar Duparc, Hahn, and Chausson mélodies. Here Gens presents extracts from Grand Opéra, reflecting her Tragodienne series of operatic arias.  Visions is a stunner, rich and so rewarding that you want to rush out and hear each opera as a whole.  This might be easier said than done, for some of the operas here aren't well known. Thus, all the more reason to get this recording because some real gems are included which  you've almost certainly not heard done as well as they are done here. Véronique Gens is a great pioneer of French repertoire. So intoxicating is this recording that if you come to it as a taster, you could end up addicted. Visions - visions of ecstasy, religious or romantic, exotic dreams and horrifying nightmares, virgins, nuns and heroines, plenty of variety, yet each piece a work of theatrical imagination  Alfred Bruneau's Geneviève (1881) for example, from the cantata the young Bruneau dedicated to Massenet.  The piece begins with a dizzying evocation of a storm. If this sounds Wagnerian, the scène lyrique that rises from it is decidedly French. "Seigneur ! Est-ce bien moi que vous avez choisi?", for she is just a shepherdess tending a flock.  But the nation needs her, and  she must put her mission above herself. From César Franck's Les Béatitudes (1879),  a moment of quietude interrupted by the fierce scream that introduces the récit et air de Leonore from Louis Neidermeyer's Stradella (1837), its rhythms influenced by Rossini, enhanced by florid vocal frills.  Benjamin Godard's Les Guelfes (1882) is represented by an orchestral prelude  introducing a song describing Jeanne d'Arc's journey to Paris, her way lit by angelic harps.   From history to fantasy, Félicien David's Lalla Rookh (1862).  French orientalism gloried in exotic images. This song is exquisite, its delicate perfumes warmed by the beauty of Gens' clear, pure expression.  It also evokes the aesthetic of the Belle Époque. Thus a song from Henry Février's Gismonda (1919) a reverie with tolling bells where a solo violin shadows the voice.The protagonist is a nun, but longs, without much hope, for sensual love. Camille Saint-Saëns's arrangement of Étienne Marcel's Béatrix is altogether stronger stuff . Cello rather than violin, and mournful winds and a resolute vocal line. Béatrix knows that the love she knew will never return. "O Beaux Rêves évanouis ! Éspérances tant caressées!". This song is reasonably well known, and Gens does it beautifully. This selection from Jules Massenet's La Vierge (1880) begins with an orchestral interlude. The Virgin Mary is about to die. The mood is subdued.  But the Gates of Heaven open showing the Virgin a vision of Paradise.  "Rêve infini, divine extase, l'éther scintille et s'embrase!" Gens voice glows, illuminated by rapture. After that explosive high, we return to the relative sedate Blanche from Fromental Halévy's La Magicienne (1885)  who chooses the cloister, and to the prayer of Clothilde from Georges Bizet's Clovis et Clothilde (1857). Another song whose loveliness lies in its simplicity, again ideally suited to Gens's clear, pure timbre.  .To conclude, L'archange from César Franck's Rédemption (1874) a vision of the End of Time.  "L'homme rebelle n'obéit pas", and God, in anger chastises him.  "Mais que faut-il pour son pardon? Après des siècles d'abandon , une heure de prière!"  A rousing and rather cheerful end to a very good recording.



Norman Lebrecht - Slipped disc

June 29

How not to sell a new Carmen

This is a brilliant press release for Bregenz’s forthcoming Carmen. Despite naming a host of irrelevant pop celebrities, it fails to mention who’s singing Carmen. Read, and wonder. UK: Wednesday 28th June 2017 – Event Cinema specialists CinemaLive are pleased to announce they are working in partnership with C-Major Entertainment to bring George Bizet’s Carmen on the Lake (Bregenz, Austria) to close to 300 cinemas in the UK on Thursday 14 September. This will be a uniquely staged spectacle under CinemaLive’s recently launched brand The World’s Most Spectacular Operas that showcases stunning operas from around the globe in cinemas, making them accessible to UK audiences. Seebühne (or floating stage), with its 7,000 seat open-air amphitheatre, is the location for the French composers most successful opera. With a set designed by British artist Es Devlin, who has designed sets for stars such as Adele, U2, Take That and Kanye West, the stage sits on the water near the shores of the stunning Lake Constance in Austria. This romantic and dramatic setting regularly welcomes opera lovers from all over the world, where the productions are extravagantly original and innovative and frequently use the waters of the lake as an extension of the stage. For stage director Kasper Holten, the former Director of Opera at the Royal Opera House, this “opera about destiny and obsession” centres on “two people who are treated as outsiders, whose paths cross and who cling to each other in a passionate but unhealthy relationship.” Georges Bizet’s captivating music, with its instantly recognisable Spanish sounds is known to one and all. Music directors Paolo Carignani and Jordan de Souza will lead the musical direction of this production, with the Bregenz Festival Chorus and Prague Philharmonic Choir accompanied by the Vienna Symphony Orchestra. For the past 5 years, CinemaLive have distributed Opera Australia’s Handa Opera on Sydney Harbour productions to cinema audiences in the UK & Ireland. These productions have now been seen by over 75,000 people on the big screen. Productions have included Madama Butterfly, Turandot and Aida (which in 2015 broke the UK & Irish box office record to become the highest grossing recorded opera of all time). Close to 300 cinemas across the UK will screen Carmen on the Lake captured in Bregenz, Austria on Thursday 14 September. For participating cinemas visit www.cinemalive.com photo: Bregenzer Festspiele / Dietmar Mathis

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